SERIE: “GRANDES FOTOGRAFOS”

“CRISTINA GARCIA RODERO”

 

                        Detrás de su pequeña estatura y su aspecto de sencilla ama de casa, Cristina se revela hoy como todo un referente de la fotografía universal. Su indiscutible trayectoria creativa, honesta, veraz y tremendamente productiva, así lo avala. Esta trabajadora incansable ha llegado a conseguir las más altas cotas del reconocimiento internacional a su trabajo, desde la obtención de infinidad de premios como el “Planeta”, el “World Press Photo” o el “Premio Nacional de Fotografía” hasta su admisión el año 2.009 como miembro de la legendaria y prestigiosa agencia “Magnum” y su reciente nombramiento como académica de Bellas Artes.

                        Llega a Madrid desde su puertollano natal para estudiar Bellas Artes en la complutense, en el convulso año 1.968 donde las revueltas estudiantiles y  el movimiento universitario estaban en pleno auge. La joven de 17 años empieza a abrir los ojos a una realidad diferente. En la facultad tiene de profesor de pintura a “Antonio López” que, según ella misma reconoce, le enseña a “sentir lo que estás haciendo”.

                        Su comienzo serio con la fotografía comienza en Florencia donde disfrutaba de una beca tras salir de la facultad. Ante su decepción y aburrimiento en clase, se lanza a la calle a fotografiar las huelgas que se sucedían a diario. Vuelve a España con una beca de la Fundación Juan March y comienza lo que seguramente ha sido su trabajo más emblemático y reconocido, “España Oculta”. Durante 15 años se recorre la difícil geografía española de entonces para fotografiar las tradiciones y fiestas populares que en muchos casos eran desconocidas, reducidas al íntimo reducto de pequeños pueblos y aldeas, o sencillamente silenciadas por un régimen que al que solo le interesaba potenciar las grandes fiestas de interés turístico.

                        Cristina dedico años, muchos de ellos en el tiempo libre que le dejaba su labor docente, a fotografiar los ritos y celebraciones de esa España desconocida y oculta que al pasar los años se nos revela casi como imaginaria. Pero sobre todo se dedica a fotografiar a la gente, a los verdaderos protagonistas de esas tradiciones. Se mimetiza extraordinariamente con el entorno para plasmar toda la fuerza, naturaleza y espontaneidad de las personas que encuentra y coloca magistralmente delante de su lente.

                        Esta mujer incansable ha recorrido el mundo fotografiando almas. No le interesa el lugar geográfico en sí, sino la gente que lo habita, su manera de vivir, de sentir, de disfrutar. Cristina huye del sufrimiento, no le atraen los conflictos y es tremendamente respetuosa y casi pudorosa con el dolor ajeno. Ha preferido siempre fotografiar el aspecto lúdico de los lugares y de la gente que los habita. Profundizar visualmente, en una cultura, en rituales que muestran la vida, lo religioso, lo pagano, lo viejo, lo nuevo,  en un hábitat al que vuelve de manera recurrente cuando piensa que queda algo por contar.

                        Recuerdo hace años, en Photoespaña, haber visitado una exposición de sus, quizás, primeras fotografías de Haití en una sala prácticamente vacía, a esas horas del mediodía, en gran tamaño, maravillosamente positivadas por Castro Prieto. Con todo el tiempo del mundo para mirarlas, me transporté a un realismo mágico cautivador. Su blanco y negro desnudo y envolvente, sus composiciones magistrales y directas y el maravilloso tratamiento de la luz me hicieron sentir la intensidad y el delirio que rodeaban algunos de los momentos plasmados y la fuerza de unos rostros y unas miradas.

                        Cristina necesita vestirse de fotógrafo para empezar a ver, con sus cámaras al cuello se transforma, empieza a mirar y delante de su lente comienzan a ocurrir cosas que ella sabe plasmar como nadie. Prácticamente toda su obra más importante está hecha en blanco y negro, pienso que es su lenguaje, su hábitat, donde la realidad adquiere un tinte de irrealidad que la impregna de un halo mágico de tremenda fuerza. Nunca ha dependido de nada, ni de nadie. Quizá  eso le ha conferido a su obra un aire de completa libertad. Libre de ataduras siempre ha hecho su trabajo donde y como ha querido sin rendir cuentas. Posiblemente esta sea una de las razones que la han llevado a pertenecer a “Magnum”. Nunca le ha interesado la noticia como tal, no busca la actualidad radical, sino que prefiere interpretar el mundo que ve desde su particular manera de mirarlo. Su trabajo se puede enmarcar en el reportaje, pero a su manera, ejecutado sin prisas,  buscando entender y poder transmitir toda la esencia de lo que tiene delante.

                        Esta menuda mujer es inquieta, imparable, sabe moverse entre masas como nadie, colocando el enfoque de su lente exactamente donde quiere. Ha frecuentado manifestaciones multitudinarias como festivales musicales y eróticos donde logra colocarse y ejecutar unas composiciones sorprendentes, volcándose una vez más en la gente, en sus expresiones, en sus miradas, en su belleza o fealdad, en su alegría o su desenfreno. Recuerdo haber visto una exposición suya en el “Reina Sofía” de imágenes realizadas en el Festival Erótico de Barcelona y dejarme realmente boquiabierto comprobar donde lograba poner la cámara y como conseguía unas composiciones realmente elegantes y cuidadas a pesar de lo crudo del tema. Aunque ella ha elogiado en alguna ocasión la generosidad de estas modelos para con la cámara, es innegable que el mérito de esas imágenes es solo suyo.

                        En definitiva, Cristina García Rodero ha sido siempre uno de mis referentes, uno de mis grandes fotógrafos. Me gusta su manera de trabajar y entender la fotografía y sobre todo me gustan los resultados que logra. Su obra es para mí impactante, soberbia, de una calidad artística indiscutible y para colmo, siempre sorprendente. Pero lo mejor es que Cristina no pará, sigue trabajando, desde hace algunos años en digital, pero sin abandonar del todo el sistema analógico. Aunque su trabajo es ingente, le cuesta aparcar las cámaras para ponerse ante el ordenador a seleccionar. Su mundo es el mundo, es la calle, es la gente y como quiere estar es mirando a través del visor. Sigue viajando y recogiendo imágenes que seguirán deleitando y sorprendiendo a los que la seguimos. Seguramente expuestas por Juana de Aizpuru, su galerista desde hace años, quizás en cualquier museo o sala del mundo o con toda probabilidad publicadas en otro maravillo libro.

 

José Miguel Martínez García

Publicado en el núm. 5 de la revista digital del “Grupo Indalo-Foto”
Febrero 2.014