Fotografiar

 

                        Fotografiar es volver a vivir, es plasmar un momento para hacerlo eterno, es convertir el instante en permanente referente de una realidad.

                        Siempre he entendido que hay dos formas de fotografiar, fotografiar desde fuera hacia dentro, recogiendo lo que nos capta la atención, o bien desde dentro hacia fuera, expresando lo que interiormente sentimos.

                        En la primera, el fotógrafo se erige en transmisor de una realidad o de un suceso que lo seduce, lo intriga o lo asquea, para mostrarlo después desde su particular punto de vista. Es testigo sensible de un momento irrepetible, del instante decisivo que decía Bressón, que utiliza para mostrar al mundo como es el mundo. El reportero se mueve por instinto, se deja impresionar con lo que ve, oye, huele, para después contar en imágenes lo que eso le sugiere. Puede ser una realidad hiriente que remueva conciencias, puede ser un momento placido o simplemente un referente de la cotidianidad más normal. En todo caso, esta forma de fotografiar, sea denunciando, sea mostrándonos que feliz o terrible es la vida o simplemente narrando hechos o lugares, es y ha sido siempre uno de los estilos más apreciados e impactantes.

                        Por otro lado, la fotografía que se proyecta de dentro hacia fuera es la que sale de las entrañas. Es una forma de comunicar que humildemente cuesta gestar y a veces digerir. Mientras que el fotógrafo de reportaje es de una pasta especial que le da rapidez de reflejos, sensibilidad inmediata y dominio total de la técnica, el fotógrafo creador es de otra pasta que requiere introspección y conocimiento de si mismo. Cada imagen es un proceso en que lo último es disparar el obturador de la cámara. Es como un parto en el que se siente, se padece y se anhela, siempre con la incertidumbre de cual será el resultado. Entender la fotografía de esta forma es crear mentalmente tu imagen, plantar la cámara en un trípode y dejar que las ideas salgan. Es otra forma de regurgitar estados de ánimo, sentimientos, sensaciones, obsesiones, esperando que el receptor te llegue a comprender o al menos se vea provocado a pensar. En esta linea, el fotógrafo, no siempre tiene claro lo que quiere expresar, con frecuencia se mueve por el subconsciente, sabiendo únicamente que tiene una idea, sin nombre, sin concreción, que quiere comunicar, incitando al espectador a que piense y busque su particular interpretación.

                        De cualquier manera mirar a través del visor es ver la vida de otra manera, es concentrarse en el encuadre de la imagen concreta para entender el mundo en su globalidad, es como decía al empezar, vivir para volver a vivir.

 

José Miguel Martínez García
Publicado en “Cuadernos de Fotografía” del Grupo Indalofoto
Mayo 2000