SERIE: “GRANDES FOTOGRAFOS”

“SEBATIAO SALGADO”

 

                        A sus 70 años, después de haber recorrido el mundo con sus Leicas al hombro y con su eterna mirada en blanco y negro, Sebastiao Salgado está considerado hoy, seguramente, como el máximo exponente del documentalismo social y el reporterismo fotográfico más comprometido. Alabado y criticado igualmente, sus imágenes no dejan indiferente a nadie. Pero por encima de otras consideraciones, la belleza e intensidad de las mismas, no dejan lugar a dudas de su calidad como fotógrafo.

                        Salgado, nacido en Aymorés (Brasil), llegó a la fotografía a una edad ya avanzada. Estudia Economía en Sao Paulo y en 1969 se traslada a Paris junto a su esposa Lélia sin la que seguramente su trabajo no habría tenido la misma repercusión. Trabajando en Londres para la Organización Internacional del Café y con ocasión de frecuentes viajes a África en comisiones para el Banco Mundial, realizó sus primeras fotos con una Leica de su mujer y quedó para siempre atrapado por la fotografía que, inmediatamente, comenzó a invadir su vida. En 1.973 decide dejar su trabajo como economista para comenzar su carrera como fotógrafo. Con las agencias Sigma y Gamma realizó reportajes en Europa, África y Latinoamérica y en 1979 entra formar parte de la legendaria Magnum Photos. Trabajando para ésta tuvo el privilegio de ser el único  fotógrafo que registró el atentado contra el entonces presidente de Estados Unidos Ronald Reagan. Estas fotografías fueron publicadas en los medios de todo el mundo, catapultándolo a la fama, pero no era esto lo que más interesaba a Sebastiao. El quería recoger con su cámara el drama social y humano que ya venía mostrando en libros como “Otras Américas” o “Sahel: El fin del camino”, donde recoge la pobreza en América Latina y la tragedia de la sequía en el África Subsahariana. En 1.994, siempre con su inseparable esposa Lélia que organiza y cataloga su trabajo, prepara sus libros y lo anima continuamente, funda la agencia Amazonas Images exclusivamente para distribuir y publicar sus propios trabajos.

                        Sebastiao Salgado es un fotógrafo de largos recorridos. Sus trabajos son dilatados en el tiempo porque no pretende llegar, hacer fotos y largarse. El llega para quedarse, para vivir con y como la gente que fotografía, para impregnarse del entorno que quiere mostrar y así poder hacerlo con la intensidad y la fuerza que pretende. Entre 1.986 y 1.992 se ocupó en recoger la labor de los trabajadores manuales por todo el mundo para culminar con el libro “Workers”. Desde 1.993 a 1.999 concentró sus esfuerzos en el fenómeno de los grandes movimientos de personas a lo largo de todo el mundo, fotografiando de manera sobrecogedora a los refugiados como consecuencia de los desastres naturales y las guerras y a las personas que se ven obligadas a emigrar huyendo o buscando una vida mejor y dando como resultado sus libros “Exodos” y “Los niños de exodos”. En su último trabajo “Genesis” ha invertido ocho años en viajar por 32 países buscando los paraísos de la tierra, los lugares aún preservados de la destrucción medioambiental.

                        Sin perder nunca la visión del economista que es, salgado ha querido conocer política, sociologica y antropológicamente el entorno en el que trabaja, la sociedad, el planeta que habitamos. Le interesan ante todo las personas y descubrir el significado de lo que a ellas les sucede. El profundo respeto que profesa a los sujetos que fotografía se plasma en imágenes que dan testimonio de la dignidad de los seres humanos y denuncian a la vez que esa dignidad es continuamente violada. Pero Sebastiao no cree hacer fotografía de protesta, sino que su trabajo es el resultado de una forma de mirar, es como él ve y entiende el mundo y la sociedad que lo rodea.

                        Su lenguaje es el blanco y negro. Aunque cuando trabajaba para otras agencias hizo fotos en color, dice no recordar ni siquiera donde paran esos negativos. El blanco y negro le ayuda a concentrarse en lo que quiere, conoce como se va a reflejar la luz en la imagen y como va resultar ésta reducida a la abstracción de la gama de grises. Sabe cuidar como nadie la luz y la composición obteniendo bellas e impresionantes fotografías perfectamente equilibradas y tratadas que, a mi entender, en nada restan fuerza e intensidad al motivo que recogen. Sus fotos nunca son robadas, cuentan con la complicidad del retratado, lo que da una idea del respeto y la dignidad que le inspiran las personas y los entornos que las protagonizan. En su último trabajo “Genesis” ha empezado a trabajar en digital ante la dificultad cada vez mayor de viajar y atravesar sistemas de seguridad de aeropuertos cargado de material fotográfico. Empezó a probar primero con una Pentax de formato medio digital convenciéndose de que el formato Raw le ofrecía la calidad necesaria para su trabajo. Posteriormente empezó a utilizar satisfactoriamente una réflex digital de Canon que le ofrecía la misma calidad y le permitió volver a trabajar como lo hacía antes. 

                        Paradójicamente, por la belleza de sus imágenes ha sido largamente criticado, siendo acusado reiteradamente de buscar el efectismo en beneficio propio, de hacer mercantilismo con la miseria y la pobreza o de anestesiar las conciencias fotografiando bellamente el drama humano haciéndole perder autenticidad, como declaró la escritora Susan Sontag. Personalmente no comparto estas críticas, ni las entiendo. ¿Es que para que una foto remueva conciencias debe estar mal hecha o ser fea?, ¿es necesario que una foto que refleje el drama social para denunciarlo, no tenga una luz cuidada o una buena composición?. Creo que es precisamente lo contrario, una foto para que impacte en el observador debe estar bien hecha y si es bella aún mejor porque atraerá más miradas. No me cabe ninguna duda que tras la primera mirada el espectador se concentrará y entenderá la realidad que la imagen refleja, si ésta tiene la fuerza, intensidad y desgarro  necesarios. Las fotografías de salgado son así. La maestría y la elegancia, el respeto y la plasticidad con que están hechas no restan ni un ápice de autenticidad al drama social o a la situación que recogen. Prueba de ello es la conmoción que sus primeras fotos de África causaron en Estados Unidos donde algunos editores las consideraron demasiado perturbadoras para sus lectores. Considerar a Sebastiao un mercantilista es desconocer su trayectoria paralela a la fotografía. Este hombre ha colaborado con las más importantes organizaciones humanitarias del mundo como Médicos sin fronteras, UNICEF, de la que es embajador de buena voluntad, ACNUR, Amnistía Internacional o la Organización Mundial de la Salud, cediendo en muchas ocasiones los derechos de sus obras en favor de la labor de las mismas. Con ésta última y con UNICEF hizo un libro sobre el esfuerzo para erradicar la polio y presta continuamente su apoyo a muchos proyectos humanitarios y en favor de la infancia. Pero, sobre todo, lo importante de las fotos de Salgado es que provocan el debate y la dialéctica. Demuestran que se pueden y se deben hacer cosas en vez de limitarse a comentar lo que otros hacen. Seguramente nos lleven a reflexionar sobre el papel y la responsabilidad de la fotografía en la lucha contra la injusticia.

                        De lo que no cabe duda es de que Sebastiao Salgado es un gran fotógrafo, lo que le ha valido para ser premiado repetidamente con distinciones como el World Press Photo o el premio Príncipe de Asturias de las Artes. Es un artista en toda regla cargado de humanidad que ha sabido conjugar como nadie la denuncia social con la belleza y maestría de sus imágenes. Ha sido referente indiscutible para miles de fotógrafos en el mundo, sin que, creo, que haya ninguno que no haya recibido alguna influencia de su obra. A su edad sigue siendo incansable, persiguiendo siempre nuevos proyectos. Ha declarado querer hacer un trabajo sobre la amazonia, lo que nos da esperanzas de poder seguir disfrutando con sus obras. En Mayo de este año hemos podido verlo en Mazarrón como invitado estelar del Encuentro Fotográfico “Fotogenio”.

José Miguel Martínez García

Publicado en el núm. 6 de la revista digital del “Grupo Indalo-Foto”
Septiembre 2.014